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MAESTRA MÉNA, PROFE SERGIO CHIKAKUÉRA


 

MAESTRA MÉNA, PROFE SERGIO CHIKAKUÉRA: UNA REFLEXIÓN SOBRE ELECCIONES Y EMOCIONES

En Paraguay, la expresión "Maestra Ména" en guaraní encierra un oxímoron cargado de ironía y reflexión. Se refiere a la figura de la maestra, símbolo de sabiduría, conocimiento y educación, que en contraposición no siempre elige sabiamente a su pareja. Este término se asocia con la idea de que, a pesar de ser una educadora, la maestra puede terminar casándose con alguien holgazán, amante del ocio, o incluso con tendencias autodestructivas, como el alcoholismo.

Esta realidad, aunque no sea universal, se refleja en numerosos casos y apunta a una verdad más profunda: la capacidad de transmitir conocimientos no garantiza la habilidad de tomar decisiones emocionales acertadas. Como educadores, podemos enseñar matemáticas complejas, historia, o literatura, pero a menudo fallamos en un aspecto fundamental de la vida: educar nuestras propias emociones y tomar decisiones desde la sabiduría afectiva.

El título "Maestra Ména – Profe Sergio Chikakuéra" lleva esta reflexión al plano personal. Es una autocrítica que surge de la honestidad y del deseo de comprender por qué las elecciones de pareja muchas veces parecen ir en contra de nuestra propia lógica. La cultura y las expectativas sociales juegan un papel importante en esto. El miedo a la soledad, la presión de formar una familia, o la búsqueda de belleza y satisfacción inmediata pueden influir en nuestras decisiones, llevándonos a priorizar factores superficiales sobre los valores fundamentales que sostienen una relación sana y duradera.

En este sentido, ser un profesor o profesora no inmuniza contra estas contradicciones. Como individuos, muchas veces somos presas de nuestras inseguridades y temores. Elegir pareja puede convertirse en una batalla entre el corazón y la razón, y en este conflicto, no siempre gana la parte más sabia de nosotros mismos. Esta lucha interna es una lección que rara vez enseñamos en el aula, pero que debería ocupar un lugar central en nuestra formación emocional y social.

La reflexión también invita a considerar el peso de las expectativas culturales. En muchos casos, se espera que una maestra sea no solo una figura de autoridad intelectual, sino también una esposa perfecta, capaz de sostener a su pareja incluso en sus deficiencias. Esto perpetúa dinámicas de desigualdad emocional y relacional que pueden ser difíciles de romper.

En lo personal, la historia de quien escribe este ensayo se convierte en un espejo para muchos. Un profesor de 45 años que reconoce haber tomado decisiones equivocadas en sus relaciones amorosas por miedo a quedarse solo, por priorizar la belleza sobre la compatibilidad intelectual, o simplemente por la urgencia de llenar un vacío emocional. Estas decisiones reflejan no una falta de inteligencia, sino una desconexión entre lo que enseñamos y lo que vivimos.

La solución no está en lamentar las elecciones del pasado, sino en utilizarlas como lecciones para el futuro. Así como enseñamos a otros a pensar críticamente, a analizar textos o resolver ecuaciones, debemos aprender a aplicar ese mismo pensamiento crítico a nuestras emociones. Debemos educar nuestro corazón para elegir desde la plenitud, no desde el miedo; desde la compatibilidad, no desde la urgencia.

"Maestra Ména" no debería ser una etiqueta de juicio, sino una invitación a reflexionar sobre cómo nuestras elecciones reflejan nuestras inseguridades y cómo, al educarnos emocionalmente, podemos cambiar nuestras historias. En última instancia, el desafío es lograr que la sabiduría que compartimos con otros se convierta también en la que guíe nuestras propias vidas.

 


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